Concluye la fase diocesana para canonizar a la Madre Félix

El 16 de diciembre, el cardenal Antonio María Rouco Varela presidió la clausura de la fase diocesana de la Causa de Canonización de la Madre María Félix Torres, fundadora de la Compañía del Salvador y de los colegios Mater Salvatoris. Ahora, el proceso será remitido a la Santa Sede, donde se estudiará la vida (y la santidad) de esta humilde religiosa, una de las primeras mujeres en España en obtener la licenciatura en Ciencias Químicas, y que dedicó su vida entera a entregarse a Dios a través del cuidado, la formación y la evangelización de los jóvenes.

En sus últimos años, la Madre María Félix Torres llevaba una vida tan sencilla y tan retirada, que ni siquiera muchas alumnas de los colegios Mater Salvatoris que se cruzaban con ella por el centro sabían que ella era la fundadora. Sin embargo, cuando falleció, en 2001, cientos de personas se acercaron a la Casa general de la Compañía del Salvador (congregación que ella fundó), en Aravaca, para orar por última vez ante la Madre Félix. Las religiosas de su comunidad vieron con admiración cómo se recibían los primeros favores encomendados a su intercesión aquel mismo día; además, sacerdotes, consagrados y familias enteras pedían algún recuerdo personal de la Madre Félix y manifestaban su deseo de conocer más detalles sobre su vida y espiritualidad.

Testimonios y oraciones

Ahora, después de varios años de estudio sobre los detalles de su vida, y de recopilar datos y testimonios, acaba de concluir la fase diocesana de la Causa de Canonización de la Madre Félix, que seguirá su curso en la Santa Sede.
Durante la clausura del proceso -que fue presidida por el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela-, la Vicepostuladora de la Causa, la Madre Mercédes Díez, destacó el trabajo de la Comisión para la fase diocesana, que durante tres años ha celebrado 79 sesiones, ha interrogado a 53 testigos y ha recopilado numerosas pruebas documentales y escritos de la Madre Félix. Todo este material servirá para elaborar la Positio y demostrar, según confían los Postuladores, la heroicidad de sus virtudes y la veracidad de sus intercesiones. Eso sí, para que el proceso concluya como Dios quiere, junto al material que se envíe a Roma, «deben ir también nuestras oraciones», en palabras del cardenal Rouco, quien destacó que «esta es una Causa que se ha preparado simultáneamente con la Jornada Mundial de la Juventud, y la nota juvenil está ahí viva y actual, como le pasa a la propia Congregación», refiriéndose al elevado número de jóvenes religiosas presentes en el acto.

En efecto, el testimonio de vida de la Madre María Félix resulta hoy de una gran actualidad, pues fue una de las primeras españolas en obtener una licenciatura universitaria, y su vida de estudiante y apóstol es ejemplo válido para los jóvenes que encuentran difícil vivir su amistad con Cristo en determinados ambientes. Como religiosa, vivió el postconcilio buscando con radicalidad la voluntad de Dios, y enseñó a sus religiosas a reconocer la voz del Señor en la palabra de sus pastores.

Una llamada muy temprana

Nacida en Albelda (Huesca), en 1907, con 14 años se trasladó a Lérida para estudiar Bachillerato y allí hizo por primera vez los Ejercicios espirituales según el método de san Ignacio de Loyola. Entonces sintió la llamada que cambió su vida, y la de otros muchos: «Con un conocimiento pleno, con una luz extraordinaria de lo que hacía, irresistible y dulcísimamente atraída por el Señor, me ofrecí a Él para siempre. Soy suya, plena y conscientemente, para siempre».
Terminó el Bachillerato y se trasladó a Barcelona para estudiar Medicina. Su ardor apostólico la llevó a compaginar el estudio con la evangelización, y se convirtió en la primera Delegada de la juventud universitaria femenina de Acción Católica, desde donde se comprometió con numerosas obras de caridad. En 1930, se convirtió en una de las primeras españolas licenciadas en Ciencias Químicas, y en 1934, junto a su primera compañera, Carmen Aige, hizo un voto privado para gastar su vida «en provecho de las almas y en el servicio a la Iglesia». Su entusiasmo era tan evidente que, poco a poco, fueron uniéndose a ellas otras jóvenes universitarias.

Una obra para llevar almas al cielo

Finalmente, en 1952, fue erigida la Compañía del Salvador, un instituto religioso de espiritualidad ignaciana, dedicado a la educación cristiana de la juventud, sobre todo universitaria, de la que la Madre Félix fue Superiora General durante 18 años y desde donde fundó los colegios Mater Salvatoris y una obra que hoy se extiende por España, Venezuela, Estados Unidos, Puerto Rico y Benín. Desde ellos, y desde los colegios mayores universitarios que erigó, sus sucesoras siguen propagando el carisma que Dios le inspiró, como fórmula para ir al cielo: «Amor y devoción al Corazón de Jesús y a la Santísima Virgen, adhesión al Papa, según el espíritu ignaciano (las religiosas de la Compañía emiten un cuarto voto de especial obediencia al Papa), y un celo apostólico ardiente, para formar jóvenes auténticamente cristianos, que puedan influir en la sociedad». Murió dando testimonio ante sus religiosas, en Madrid, el 12 de enero de 2001. Sus restos reposan en la casa de la Compañía del Salvador en Mota del Marqués (Valladolid).

Madre Cristina, C.S.

 

Artículo publicado en Semanario Religioso Alfa y Omega > Nº 765 / 22-XII-2011