Adolescencia y Juventud

María Al comienzo de bachillerato (1921)

El curso 1921-1922, con catorce años recién cumplidos, se traslada a Lérida para seguir los estudios de Bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de la ciudad. Vive interna en el Colegio de la Compañía de María. Allí, la sencillez y austeridad de vida de las religiosas le causa un enorme impacto.

 

El verdadero encuentro con San Ignacio –y, a través de él, con Cristo–, lo tendrá en unos Ejercicios Espirituales dirigidos por un Padre Jesuita en el internado. Allí el Señor le concederá “una gran gracia”. En su conversión, como en toda su vida, fue Dios quien tuvo la iniciativa. Transcribimos sus propias palabras:

“Llegué ante el Monumento, me arrodillé en el reclinatorio, levanté los ojos al altar y vi una inmensa llama que ardía con una claridad y suavidad que me llenó con una dulzura inefable. Abrí bien los ojos, quise cerciorarme bien… Pero aquella llama sin contornos, dorada y luminosa, quieta y penetrante en mi espíritu, no era fuego de la tierra; era fuego celestial que abrasaba mi alma”.

 

Aquel Jueves Santo de 1922, María se consagra a Dios.

“Con un conocimiento pleno, con una luz extraordinaria de lo que hacía, irresistible y dulcísimamente atraída por el Señor, me ofrecí a Él para siempre…”

 

Tiene apenas catorce años, pero hay que ver la convicción con que afirma:

“Soy suya plena y conscientemente para siempre”.

BACHILLERATO EN LÉRIDA

María al terminar el Bachillerato (1924)

Estos Ejercicios marcan en la vida de María el paso de la infancia a la juventud. Lo único que desea es consagrarse a Dios del todo y para siempre.

 

Ella tiene vocación, está segura. Por eso, cuando sus padres le preguntan, preocupados por el extraño cambio obrado en su hija (pasaba largos ratos de oración, reunía a todos los niños del pueblo para enseñarles el catecismo, etc.), María les responde con firmeza que quiere ser religiosa.

 

Pero es menor de edad, y sus padres le exigen que antes de tomar una decisión definitiva obtenga un título universitario. Los señores de Félix se inclinan por la carrera de Medicina, porque era entonces la de mayor duración, y así se lo señalan a su hija.

La Universidad

María Félix (1930)

María sólo cursó un año de Medicina de Barcelona; en 1925 se trasladó a Zaragoza para estudiar Ciencias Químicas. 

La presencia de la mujer en las aulas universitarias también era una novedad, ¡sólo tres alumnas! De entre ellas, únicamente María obtuvo la licenciatura, el año 1929.

 

Durante sus años universitarios, tanto en Barcelona como en Zaragoza, participó activamente en la Acción Católica y todo tipo de obras apostólicas, pues no sólo acudía a los barrios pobres de la ciudad a dar catequesis y a procurar elevar el nivel cultural de quienes lo deseaban, sino que su labor se extendía incluso a fomentar la piedad entre sus compañeros, de quienes era muy querida. 

Conservamos algunas notas de esta época, que reflejan el deseo que sentía esta joven universitaria de entregarse al Señor: 

“Decir a Dios que sí a todo cuanto Él quisiera, y siempre, por puro amor, por ser voluntad de Él; ser toda de Dios, sin reservar nada, para siempre, sólo para que Él se complazca…” 

La llamada a consagrarse a Dios sentida a los catorce años ha ido madurando, y ve con claridad que el Señor quiere que viva la espiritualidad de San Ignacio de Loyola. En estos años universitarios de Zaragoza conoce a las Esclavas del Sagrado Corazón, que tienen espíritu ignaciano, y pide la entrada.

 

Varias de sus amigas, que también frecuentaban las Esclavas, arrastradas por su entusiasmo entraron en el Instituto, pero no así María. 

Hasta este momento, ha vivido con ilusión el seguimiento de Cristo. La oración y el apostolado eran una fuente continua de gozo y de paz profunda. Pero, de pronto, se ve sumida en una oscuridad absoluta. No ve nada, no entiende nada, todo le parece un sin sentido. Era tiempo de desolación y tinieblas. Ante el asombro de sus padres, que ya le han dado permiso para entrar en las Esclavas, María no habla del tema. Pero el Señor la quiere para Él. María, a oscuras, lo siente, como siente también un intenso cariño por sus padres: “La vida familiar me era dulcísima, pero no era para mí”. 

La decisión no fue fácil de tomar, y mucho menos de llevar a la práctica. Lo primero que hizo fue dejar definitivamente la casa de sus padres para alejar toda sombra de apegos humanos. Desde ahora, su vida será sólo para buscar la voluntad de Dios. Con sencillez, sin dramatismos. Pero ya no habrá obstáculos externos. María Félix ha cortado amarras…

 

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