Fundación de la Compañía

A.M.D.G. ad maiorem dei gloriam

LA BÚSQUEDA DE “NUESTRA VOCACIÓN”

 

Terminada la Guerra Civil, aquel pequeño grupo de universitarias que deseaban seguir la misma vocación se iba consolidando.

El 15 de agosto de 1939 fueron seis las jóvenes que renovaron su promesa de fidelidad y pidieron gracia “para permanecer fieles a nuestra vocación de la mayor gloria de Dios”.

 

Por medio de los jesuitas que las trataban, y también directamente, tuvieron noticia de diversos movimientos apostólicos de espiritualidad ignaciana, pero en ninguno de ellos encajaba su vocación. Escribe María en sus notas personales:“Yo no sé si esto se comprenderá, ni yo tampoco sabré explicarlo. Pero lo cierto es que íbamos buscando nuestra Compañía como si ya existiese y, por otra parte, inconscientemente…, sin pensar ni remotamente en una fundación, íbamos buscando compañeras para fundar”.

 

Informadas de que en Palma de Mallorca había tres jóvenes con deseos de entregarse a nuestro Señor trabajando en misiones y viviendo según la forma de la Compañía de Jesús, María y Carmen viajan a la isla en abril de 1940.

 

La unión no era posible: en ellas prevalecía el ideal misionero, y en María el espíritu ignaciano. Del espíritu que animaba a aquellas jóvenes mallorquinas nacerá la fundación de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús.

 

DELIBERACIONES Y EJERCICIOS

 

María Félix con su hermano Ángel y un grupo de alumnas de Re-Vir-Cien

El P. Juan Serrat decidió poner en conocimiento del Provincial de Aragón, P. Alfredo Mondría, S. J., el ideal y propósito de María y sus compañeras, para que las orientase. Éste les dio a conocer un Instituto francés (la Sociedad de Hijas del Corazón de María, fundada en 1790 por el P. Clorivière, S. J. Y Adelaïde de Cice), para ver si su vocación podía realizarse en él.

 

Con el más genuino espíritu ignaciano, aquellas jóvenes procedieron a deliberar durante dos semanas sobre el Instituto francés con mucha oración y penitencia, sin hablar entre ellas y con la disposición de que, si a algo se tenían que inclinar, era a no fundar, para así estar más seguras de que no se buscaban a sí mismas. El 1 de julio, fiesta de la Preciosísima Sangre de nuestro Señor Jesucristo, cada una dio su parecer, que María recoge en su diario:“Las reunidas dijeron que creían que la mayor gloria de Dios era continuar por el camino comenzado, porque no creían que nuestra vocación fuese la de aquella Sociedad francesa”.

 

Propuso a sus compañeras pensarlo otra vez, y nuevamente contestaron lo mismo.

 

Entonces, comunicado el resultado de la deliberación al P. Provincial, se decidió la conveniencia de practicar todas el mes de Ejercicios para conocer con más certeza la voluntad divina, pero la situación económica obligó a reducirlos a diez días. Tuvieron lugar del 5 al 15 de agosto de aquel año de 1940. El día de la Asunción, fueron nueve las jóvenes que hicieron la consagración a Dios en la forma que lo venían haciendo desde 1934.

 

Como fruto de estos Ejercicios, escribe María en sus notas íntimas:“Se han afianzado y confirmado vocaciones indecisas. Se ha recibido mayor luz y seguridad en la manera de servir a Dios por este camino que Él nos llama. Por vez primera se ha hecho un resumen de nuestra vocación…”

 

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