Primeras compañeras

CARMEN AIGE

Carmen Aige Corbella (1909-1989)

Por entonces, a través de su director espiritual, el P. Serrat, S. J., conoce a Carmen Aige Corbella. Le bastó verla para percatarse de la rica calidad humana de su personalidad. Así la describe en sus notas íntimas:

 

“Era un diamante en bruto engastado en un dije mundano: seria, digna, rectilínea hasta la ferocidad; asentada como sobre roca firme en principios tajantes de recta moral; tiernamente piadosa, vehemente y apasionada bajo unas formas frías, rígidas, sostenidas por un orgullo innato; hecha para el mando y el dominio y presta a romperse antes que a doblegarse. Por fuera pulida, elegante, servidora convencida del buen tono por temperamento artístico y por dignidad personal; y mantenedora del nivel social y de las conveniencias sociales, por educación y por cálculo”.

Era su primera compañera. Unidas en el mismo ideal, María encontró siempre en ella una colaboradora fiel, prudente y dinámica, en quien descansaba totalmente. Ambas se complementaban y se necesitaban mutuamente para la obra que el Señor quería realizar en su Iglesia. Más adelante, con admirable generosidad, pondrá todo su patrimonio al servicio del futuro Instituto Religioso que por entonces sólo estaba en el Corazón de Dios.

EL VOTO DE 1934

 

María, Carmen, Victorina y Montserrat

El curso 1933-1934, el señor Obispo les dio permiso paratener el Santísimo en casa. Durante el mes de julio, como en años anteriores, María y Carmen se preparan para la fiesta de San Ignacio con ilusión. Leyendo su vida, el Señor les inspiró:

Hacer nosotras un voto especial que nos atase más a nuestro Señor y que nos obligase a continuar por el camino emprendido… Concretamos los puntos de nuestro voto, aunque en realidad lo que deseábamos era atarnos para siempre al servicio único y exclusivo de Dios nuestro Señor, siguiendo en todo a la Compañía de Jesús”.

Consultaron con el P. Serrat, que aprobó sus deseos, y acordaron que harían el voto el día de la Asunción de la Santísima Virgen.

Sintieron un gran gozo cuando descubrieron, poco tiempo después, que ese mismo día se cumplía el IV centenario del voto que hicieron San Ignacio de Loyola y sus primeros compañeros en Montmartre (París). Siempre consideraron esta coincidencia como una gracia de Dios y una confirmación de su vocación. Este voto lo fueron renovando año tras año, y a él se iban añadiendo nuevas compañeras: Victorina Jené, Montserrat Amigó, M.ª Amor Sarret…

 

Siguiente capítulo