Santa muerte

Y MANIFESTACIONES DE VENERACIÓN

 

María Félix junto con otra religiosa de la Compañía

Su muerte, como su vida, fue sencilla, casi podríamos decir que se fue de puntillas… La Madre no quería molestar. Para todas sus hijas de la Casa de Formación de Madrid fue un consuelo enorme orar junto a ella en los últimos instantes de su vida y verla recibir los últimos sacramentos.

 

Aquel día ha quedado grabado en nuestros corazones. Junto al dolor humano y natural por la pérdida de una Madre tan querida, se mezclaba una profunda alegría sobrenatural. Centenares de personas de las más diversas edades –niños y jóvenes, hombres y mujeres, familias enteras–, se acercaron a velar el cuerpo de la Madre hasta bien entrada la noche.

 

Espontáneamente, los sacerdotes y fieles se encomendaban a ella, y algunos de ellos pasaban por el cuerpo de la Madre medallas y rosarios. Se respiraba en el ambiente, e incluso se oía decir en voz alta que estábamos asistiendo a los funerales de una santa. Numerosas personas se acercaban a las religiosas, deseando conocer la vida de la Madre y, desde el primer día, se recibieron noticias de casos encomendados a su intercesión.

 

En espera de la resurrección de los muertos, sus restos descansan en el cementerio de la Compañía del Salvador,en la Casa de Mota del Marqués (Valladolid). Pocos días antes de su muerte había visitado la obra de este cementerio y urgido su terminación, como si previera la hora de partir para estar con Cristo.

 

Sepulcro de la Madre María Félix Cementerio de Mota del Marqués

La manifestación espontánea de veneración hacia la Madre fue un consuelo para sus hijas que, en cierto sentido, nos sentíamos huérfanas, aunque con la firme convicción de que desde el cielo seguiría ayudando a la Compañía y a cada una de nosotras con la misma delicadeza y fuerza que nos mostró siempre, para que, como ella, busquemos siempre y en todo la Mayor Gloria de Dios.